Daniel A. Pasquier Rivero
Morales es sin duda uno de los políticos más sagaces que recordará la historia de Bolivia. El trompetista de Orinoca de hace 20 años, salta desde los sindicatos cocaleros a la silla presidencial. Desde entonces, prácticamente se ha deshecho de sus opositores, controla los poderes del Estado casi en su totalidad e impone un ritmo frenético a su actividad, incansable con su discurso sobre la “política de cambio”, que resume la propuesta de descolonizar el Estado e implementar el socialismo comunitario del siglo XXI, mezcla de indigenismo con tintes xenofóbicos (contra los k´aras o mestizos), marcado acento anti imperialista y de tono duro, cuando no durísimo y confrontador, contra todo lo que signifique propiedad privada o capital multinacional.
Sin duda, esto no le priva de buscar créditos en el exterior, en Rusia y China para comprar armas, usar tecnología de avanzada en los servicios de inteligencia del Estado y en la difusión de su imagen, mientras habla bondades de las sociedades primitivas y culturas ancestrales. Pero su gestión de gobierno está marcada por el sello de la improvisación. Evo no entiende de tiempos, los que requieren proyectos de envergadura, los financiamientos, el desarrollo de logística, mercados, etc. La inversión pública al término del primer trimestre del 2010 apenas alcanza al 6 % de lo presupuestado.
Sin embargo, cual flautista prodigioso del cuento en Hamelín, sale de la contienda electoral del 4 de abril con un millón de votos menos que el 6 de diciembre 2009, y ya ha convocado multitudes en Cochabamba, donde miles de almas podrán “pijchar” en “el ombligo del mundo” de la coca. Sin reparar en gastos invita y organiza la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Vienen presidentes colegas de ALBA para “orientar” las conclusiones políticas del evento, pero está ausente la mayoría de los científicos de renombre que avalarían la calidad técnica de la Cumbre, que nace como reacción a los resultados “no deseados” de la Cumbre de Copenhague, donde no avanzó la visión de los propulsores de esta corriente. Por el contrario, allí se pusieron en duda nada menos que a los fundamentos científicos que llevaron a crear la psicosis con el calentamiento global y a cargar con la responsabilidad principal a la actividad del hombre sobre el planeta y sus recursos. Con esa postura se puso al modelo de desarrollo capitalista en la picota, hasta el punto de ganar adeptos la defensa de cualquier ser animado o inanimado (desde una rata a la transparencia del cristal) por delante del bienestar del ser humano.
Los presupuestos de tal teoría, sorprendentemente, según el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (CC) dependiente de las Naciones Unidas (IPCC), contienen errores “fundamentales” (para ver más detalle en Foro Sobre CC en www.icees.org.bo), al punto que se ha confesado el haber manipulado los datos primeros y principales para “armar” toda la teoría. Se llegó a las “simples verdades” como que el CC no es inusual, es más, es lo habitual, ya que el clima es un fenómeno dinámico. Que no se ha demostrado, en términos científicos, que la emisión de CO2 sea el factor principal para alterar el clima del planeta. Que los modelos computarizados utilizados no permiten determinar con precisión condiciones futuras, a largo plazo, del CC, siendo tan evidente la imprecisión en pronósticos aún a corto plazo. Todo esto condujo a dejar en suspenso el análisis de nuevas políticas comprometedoras para cientos de países. Quizás lo más impactante fue concluir que hay peso científico suficiente para “rechazar” que el CC sea principalmente antropogénico, es decir, producido por la actividad del ser humano.
Evo traslada hábilmente a la Cumbre el tema del endeudamiento de los países pobres (no sobre el mal uso de los créditos), de la responsabilidad de los países ricos (no de la ignorancia y la falta de sistemas políticos democráticos en países entrampados en la violencia), de la necesidad de una posición común (el chantaje para conseguir “asistencia y prebendas” de las economías desarrolladas), de resaltar hasta el éxtasis la necesidad de respetar la Madre Tierra (sin relatar cómo allí, en la sede de la Cumbre, se destrozan bosques con toda su riqueza sólo para sembrar coca, contaminar tierras y aguas con los químicos utilizados en la producción industrializada de toneladas de cocaína).
El objetivo es “político y no científico”, y Juan Pablo Ramos, Viceministro de Biodiversidad y Medio Ambiente, declara que “hay que abrir el espacio a cualquier debate, pero en una conferencia tan específica como es el Cambio Climático, se ha hecho el esfuerzo de que ningún país traiga una problemática específica”, ni siquiera los indígenas bolivianos. Se ha advertido al Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) de no tocar nada de las políticas del partido en gobierno (MAS) sobre el uso y la explotación de recursos naturales “para no desvirtuar y desprestigiar este evento”. El discurso es para afuera. Y Evo, junto a Chávez, Ortega, el embajador cubano, y quizás Correa, fieles a su estilo, clausurarán el evento con una orgía de masas en un estadio de fútbol. Dado el estado de la democracia en sus respectivos países queda en duda cómo se conducirá la mesa sobre “Diálogo entre pueblos y gobiernos”. La declaración final, que seguramente ya ha sido redactada, no traerá novedades en lo político y, en lo científico, el calentamiento global quedará reservado para el debate en otra ocasión.