Cuaderno No. 3
CRONOLOGÍA DE LA PALABRA CAMBA Y SU SIGNIFICADO ACTUAL
Gustavo Pinto Mosqueira
Nota: Este trabajo fue escrito entre abril y mayo de 2009, a objeto de ser publicado en una revista académica que una institución cultural de nuestro medio pretendía editar. Por razones que desconozco, la revista no ha salido en circulación. Pero este artículo, ya ha sido socializado entre muchas personas en forma física, es decir, impresa en hojas. Para que circule en forma digital, ha sido ligeramente mejorado con la información de un par de fuentes de autores cruceños o cambas que escribieron en la primera mitad del siglo XX; me refiero a Terrazas y a Vásquez Machicado.
Ponemos disposición este otro documento, pues pensamos que a partir de su lectura se despejarán varios prejuicios o dudas que aún pueden quedar respecto a la palabra “CAMBA”.
1) El documento más antiguo donde aparece la palabra cambas, así en plural, es la Relación de la provincia de Mojos (1676) escrita por el Hno. Joseph del Castillo.
Por el contexto histórico del relato, el plural cambas se refiere a un grupo de nativos de la provincia de Mojos que el Hno. jesuita llevaba consigo, “por última vez” a la ciudad de San Lorenzo (o sea, Santa Cruz de la Sierra ubicada donde está hoy). Estos indígenas, nominados con la palabra camba, eran traídos a dicha ciudad, con toda seguridad, a realizar trabajos de distinta índole: servicios domésticos, aprendizaje de la lengua castellana para hacer de guía y traductor en las misiones de evangelización, cultivo de las sementeras… La situación indica que dicho término se lo utilizaba también para referirse a cualquier nativo que, ya en el último cuarto del siglo XVII, no necesariamente era guaraní-chiriguano, de cuya lengua, con seguridad, se deriva etimológicamente, el vocablo camba. A su vez, la relación de Del Castillo está indicando que en San Lorenzo, por aquellos años, ya se usaba dicha palabra para referirse al nativo, que en forma voluntaria o no, asumía esa condición social: salir o ser sacado de su hábitat natural o parcialidad étnica para hacer diversas tareas en la ciudad de San Lorenzo.
2) En el siglo XVIII es muy probable que el uso del término camba se haya generalizado más en la ex gobernación de Santa Cruz. En efecto, dos fuentes, por ahora, refuerzan esta afirmación.
a) René Moreno (1973: 440; nota VII: 233), alude a una serie de documentos de 1768 relacionados con la expulsión de los jesuitas de las misiones de Chiquitos. Algunos de esos documentos del 4 de abril de 1768, acusan a un “cholo altoperuano” de haber favorecido que el misionero jesuita P. Patzi, se quedara con su hermano en Chichas. “Lo cierto es que entre la gente reclutada para la expedición de Chiquitos iba algo como un centenar de samaipateños y vallegrandinos, y entre éstos bien pudo haberse colado algún cholo altoperuano”. Según Moreno, ya por aquella época, los mestizos de la parte andina de la actual Bolivia eran “mal mirados por la plebe de Santa Cruz”. Dice Moreno que la ani maversión hacia los cholos del Alto Perú “era comparable á la que todos sentían por el camba chiriguano y por zambos y mulatos de la frontera portuguesa”.
Esto explica que aún en el siglo XIX existiera algo así como una doctrina o dicho popular entre los cruceños que rezaba así:
“Los enemigos del alma son tres: colla, camba y portugués”.
O al menos, ese refrán popular cruceño se fue tejiendo durante el siglo XVIII y tal vez desde antes.
Ahora bien, hay que advertir que aquel enunciado no era la postura personal de Gabriel René Moreno, menos de Nicomedes Antelo, como más de un crítico de ambos estudiosos cruceños lo quiere hacer ver[1]. Es cierto que Moreno lo recoge en su obra Nicomedes Antelo concluida en marzo de 1885 en Santiago de Chile. Y es posible que Antelo se la haya repetido a Moreno más de una vez en la conversación que mantuvieron ambos en Buenos Aires. Pero, por el contexto histórico y los antecedentes coloniales, aquella expresión más bien se nota que era parte de la tradición popular oral del pueblo cruceño, repetida hasta fines del siglo XIX.
En esa obra, en la parte donde Antelo le relata sus recuerdos de Santa Cruz a Moreno, está contextualizada mejor la expresión:
“[Santa Cruz de la Sierra – en adelante los corchetes son del autor de este trabajo] es la única población boliviana que no habla ni ha hablado nunca sino castellano: ha sido también la única de pura raza española, y se miraba en ello. La plebe guardaba eterna ojeriza al colla (altoperuano), al camba (castas guaraníes de las provincias departamentales [cruceñas] y del Beni), y al portugués (brasileños fronterizos y casi todos mulatos y zambos). De aquí el artículo inviolable de doctrina popular cruceña:
Los enemigos del alma son tres:
colla, camba y portugués”. (Moreno [1885] 1960: 7)[2].
Es de notar que por la cita, según dan a entender Moreno y Antelo, a fines del siglo XIX ya se le llamaba camba no sólo al guaraní de Santa Cruz sino también al nativo o indígena beniano. Por tanto, el uso del vocablo camba y su denotación estaba más generalizado en lo que hoy conocemos como el oriente boliviano.
b) La otra fuente donde aparece escrita la palabra camba data de fines del siglo XVIII. En una lista donde se registra el pago por los días trabajados a los peones en la “Hacienda del Valle”, la palabra camba aparece como el apellido de algunos trabajadores de dicha hacienda. Se alude a un “Juan camba”, a “Pedro Pablo camba” y a “seis cambas”. (Archivo del Cabildo de la Catedral de Santa Cruz de la Sierra. Secc. 2. 1785). Es seguro que el apellido camba de Juan y Pedro Pablo no era el natural, sino un sobrenombre que ellos se pusieron o el que hizo la lista los llamó así a fin de otorgarles una identidad más completa con fines de pago. El plural de “seis cambas” está claro que se refiere a un grupo de peones de esa hacienda quienes o eran de origen indígena o eran “mestizos”.
3) Durante el siglo XIX, la palabra camba aparece en más de una fuente escrita.
Antelo y Moreno, aluden más veces al término camba. Así, hablando de la supuesta unidad de raza y pureza de sangre del pueblo cruceño –algo que sabemos que no fue tal como la defendía en su tiempo Antelo –, donde todos, a pesar de haber en la sociedad cruceña jerarquía de clases, “ricos y pobres, chicos y grandes, plebe y señorío”, eran blancos, lo eran porque no se habían mestizados ni con collas, ni con cambas, ni con portugués (Moreno [1885] 1960: 9). Aquí el camba, como se dijo arriba, era el indígena cruceño y beniano.
Más adelante, según René Moreno, Antelo admitía que si alguna mezcla debía darse del pueblo cruceño con otra sangre, aceptaba “sin vacilar” la del blanco (cruceño) con el “camba misionero de origen guaraní; indio ingenuo, jovial, aseadísimo, estrechador amistoso de manos, agraciado y despierto; [...]”. Rechazaba la mezcla del cruceño con el “sombrío, huraño, postrero, estúpido […] indio incásico”. Esta mezcla, según él, “era la peor de las mezclas posibles de blanco con amarillo. Esta mestizaje ha dado origen al cholo altoperuano o colla”. (Moreno [1885] 1960-32).
Moreno muestra también que el término camba ya a mediados del siglo XIX era usado para colocar “apodo” a algún cruceño con rasgos más mestizos. Señala, por ejemplo, que los cruceños que se crían blancos, cuando entraban a la sacristía, señalaban a “cierto compañero” así:
“─ ¿Cómo está el camba Rojas”. (Moreno [1885] 1960: 37[3].
El apodo de “camba” manifiesta que este término ya desde aquellos años del siglo XIX se viene usando para referirse también a un criollo o mestizo cruceño. De ahí que es completamente pertinente acuñar la categoría “camba cruceño” para referirse al habitante o poblador de Santa Cruz de la Sierra y sus provincias, como portador de una identidad cultural distinta a cualquier otra dentro de Bolivia.
A parte de las alusiones de Antelo y Moreno, hay tres fuentes importantes en el siglo XIX que mencionan dicha palabra.
Una. En 1842, M. Bach, usó el término camba para referirse a los Chiriguanos. En su carta dice:
“[…]los chiriguanos reciben el mote de cambas, como los chiquitanos de choropas, a saber, camba significa en lengua guaraní, la cual se habla también en Paraguay y en Guarayos, amigo, lo mismo que churupa, de donde viene choropa: pues bien, estos son sobrenombres despectivos”. (Bach 1842, cit. en Peña y otros 2003: 118).
Dos. Cardús, al hablar de los Chiriguanos aclara:
“[…] además del nombre de chiriguanos, son conocidos allí [en los últimos valles de la cordillera oriental de los Andes y en los primeros llanos de la parte occidental del gran Chaco, que se extiende desde las inmediaciones de Santa Cruz hasta las orillas del río Bermejo], con el de abas, cambas y tembetas, derivándose este último del boton [sic.] que llevan en el labio inferior. Son de raza guaraní y hablan un dialecto de la misma lengua […]”. (1886: 241-242).
El uso de la palabra camba para nombrar a los Chiriguanaes, en la referencia de Cardús, puede ser entendido en dos sentidos: uno, que dicho término, por ser usado genéricamente para referirse indistintamente a todos los indígenas de Santa Cruz y del Beni., no sea más que una “nominación”; dos, que sea usado por Cardús, como expresión de la identidad de los Chiriguanos, pues, según indagaciones, el origen de este vocablo proviene de la lengua chiriguana-guaraní. Ángel Segovia, izoceño, profesor de lengua guaraní en la universidad pública y en el Seminario Mayor San Lorenzo de Santa Cruz de la Sierra, sostiene que dicho vocablo deriva del término guaraní ciumbae que aún utilizan las personas más ancianas en el saludo que se dan los Chiriguanos o Guaraníes cuando se encuentran entre ellos. La frase que se dicen es la siguiente:
“Piama che ciumbae”[4].
Que traducido significa “buenos días mi señor o mi señora”. Porque esa expresión, cuimbae se traduce como “señor” o “señora” de manera indistinta, ya que es un vocablo neutro, esto es, se usa indistintamente para referirse a una mujer o un varón.
Con el tiempo, el término ciumbae, como efecto de la metástasis que han sufrido muchas palabras del castellano o de otras lenguas nativas incorporadas al habla popular camba cruceño, en el oriente boliviano, se volvió camba[5].
Es ilustrativo y complementario a lo afirmado anteriormente, esto que explica Sanabria (en Moreno [1885] 1960: 97, nota 27) respecto al vocablo camba:
“En la forma dialectal chiriguana, que algunos guaranálogos [sic.] consideran como la primitiva y más pura de esta lengua, camba es amigo, en acepción generalizada al individuo de aquella estirpe, o si se quiere es una extensión de índole racial. En esta comprensión vale más que el término corriente de inu cuyo significado reduce el concepto para aplicarlo al individuo que está más próximo o convive con el que habla. Cherino, ndinu es como decir mi o tu compañero. En cambio, catupiri checamba, por ejemplo, es el saludo al prójimo que sin ser precisamente un conocido, se reputa como un amigo por ser de la misma tribu o estirpe”.
Ahora bien, el P. Giannechini en su Diccionario Etimológico Chiriguano-español (inédito aún hasta los años 50 del siglo XX, según Sanabria), afirma que por el periodo de las reducciones
“el indígena misionero llamaba camba no exclusivamente al hombre de su estirpe, sino también al mestizo, en quien, con la acuidad que le es innata, descubría los rasgos fisonómicos y quizás también los morales, que le emparentaban con él. De ahí que cuando un chiriguano entraba en Santa Cruz o en cualquiera de los pueblos comarcanos, trataba de camba a ciertos hombres de estas comunidades, mientras que al blanco se dirigía llamándolo caray o más respetuosamente, chega, esto es, mi señor o mi amo”[6]. (Sanabria en Moreno [1885] 1960: 98).
Comprendiendo aquella denominación, el criollo cruceño, que por aquel siglo aún no había aceptado su condición de mestizo, según Sanabria, “dio en llamar camba no tan sólo al chiriguano y, por extensión, a cualquier indígena llanero, sino también a todo individuo de su comunidad a quien reconociera o simplemente reputara como producto de la mixtión hispano-terrícola”. (cit. en Moreno [1885] 1960: 98).
Tres. En su novela histórica Siringa (donde relata parte de la experiencia que tuvo como trabajador en el periodo de la explotación de la goma elástica en el noreste beniano), el cruceño Juan B. Coimbra, escribe la palabra camba para ilustrar diferentes situaciones o contextos.
En efecto, usa el término camba para aclarar que así se les llamaba “generalmente a los indios del Beni” y para decirnos que los “cambas itonamas” formaban, aún a fines del siglo XIX, “la gran mayoría del pueblo” de San Joaquín, pero que ya muchos de ellos sabían el castellano para relacionarse con “los carayanas” –nombre que se les daba también de un “modo general a los blancos”. (1993: 41).
En un sentido semejante usa la palabra camba, en plural, para referirse a un grupo de itonamas ancianos que le relataron cómo el pueblo de San Joaquín, en tiempos lejanos había sido invadido por “una inmensa cantidad de murciélagos que provenían de los sumucales”. (1993: 56).
Más adelante, Coimbra usa dicho término para acuñar la expresión “mitología camba”, con la que describe un mito del indígena que vivía en las riberas de los ríos benianos. Una parte del mito camba lo relata de esta manera:
“Aunque el Tupá del que hablan los indios es el Dios Universal de la jungal [sic.], los ribereños dicen que tiene su morada en el río, a la vera del cual reina e impera. Se desdobla en alma errante de poderes malignos, fulminantes, contra los que intenta hollar sus designios. Una de estas almas se denomina Añá. En la leyenda indígena, siempre sucumbieron los hombres tirados a valientes que, resistiendo sin disparar ante los aparecidos fantásticos, los hacían desaparecer gritándoles. Estos hombres, a la larga, o se extraviaban o naufragaban o caían en las garras del tigre”. (1993: 85).
También la usa para mostrar cómo aún a fines del siglo XIX, para el cruceño o beniano que se consideraba blanco o carayana, decirle camba “era ofensivo”; como el caso que Coimbra relata de un juego de azar entre blancos o criollos, donde apostaban libras esterlinas y hasta batelones cargados de bolachas de goma. Así, después de ir ganando, un tal Neira, lo pierde todo. Entonces, a don Marcelino Mostajo, el patrón, se le ocurrió decirle “-Pare el camba Neira”, en el momento en que éste último lanzaba los dados. “Fue suficiente”. “En aquel tiempo era oprobioso ser tenido por camba”.
“Neira reaccionó como una fiera y espetó a don Marcelino una ducha vitriólica de carajazos e improperios; por uno y otro bando los hombres se ajustaron el cinto, y se armó la bolina. Hubo tiros, una docena de puñetazos, fuga, insultos, atropello.
“Neira pasó un año en la cárcel y Mostajo dos meses en su cama”. (1993:56).
Coimbra, en otro pasaje de su novela, da a entender que el vocablo camba se aplica, además, para aludir al peón o trabajador que se esforzaba en hacer pasar los batelones en las cachuelas del río Beni. Dice:
“Unos segundos en el vacío…un choque con otras correnteras allá en el fondo nublado por gruesa lluvia, el crujir de la madera reventada y –con la ayuda del Tupá, que secretamente invocaban los indios, o con las gracias al cielo, que daban los cambas– ¡todo se había salvado…!”
“Aunque no siempre todo”. (1993: 108).
Entonces, en su obra Coimbra usa la palabra camba para referirse e identificar a todos los indígenas del Beni considerados éstos en forma individual o grupal; a los rasgos de su cosmovisión, y a los mestizos que trabajaban en la exploración y comercialización de la goma elástica, así como para señalar que para un grupo social, generalmente el criollo cruceño o beniano, era todavía un insulto ser llamado “camba”. Algo comprensible para aquella época donde, además del auge económico de la siringa, estaba en boga el darwinismo social, ideología que no dejaba que el carayana reconociera y asumiera su mestizaje.
Y sin embargo, como efecto de la evolución natural, social y cultural, el criollo cruceño, y con el tiempo su descendiente el beniano (y también el pandino), será profundamente mestizo. Para confirmar esto que se sostiene es importante conocer lo que han dicho varios autores que se han ocupado del mestizaje cruceño con el camba.
Así, García Recio afirma que el cruceño del primer siglo y medio que vivió en Santa Cruz de la Sierra después de 1561 hasta fines del siglo XVII, era, casi en su totalidad, mestizo.
“La cortedad del número de individuos inmigrados a lo largo de la etapa que estudiamos [siglos XVI – XVII] y lo reducido del total del grupo colonizador dio lugar a una intrincada red de lazos de parentesco, resultado de las relaciones fundamentalmente endogámicas, que vino a unir prácticamente a todos los pobladores. De esta forma [...] podemos afirmar la importancia del grupo mestizo en Santa Cruz, los múltiples matrimonios y uniones de otro tipo dieron lugar pudiera decirse, a mi juicio con relativa veracidad, que en S. Lorenzo no había ‘españones, porque todos son ijos y nietos y biznietos y mesticos [sic.] la mayor parte’. El grado de sangre indígena de cada individuo lo adscribía a diferentes grupos: mestizo el que era hijo de blanco e india, cuarterón el hijo de blanco y mestiza (o viceversa [es decir, el hijo de mestizo con blanca –la aclaración es nuestra]), y puchuelos el hijo de cuarterón y blanca (o a la inversa, [o sea, el hijo (a) de blanco con cuarterona]), pero todos, en su conjunto, eran, en el sentido más amplio del término, mestizos”. (1989: 429-430).
“El número de individuos pertenecientes a otras razas o mezclas raciales debió de ser mínimo, así sólo nos queda constancia de algunos negros, probablemente esclavos en su totalidad, y que, seguramente, no superaron nunca la decena a lo largo del período de nuestro estudio”. “También debió de ser muy corto el número de mulatos, también llegados de la zona andina [...].” (Ibidem: 430).
M. Bach, en la década del 40 del siglo XIX, observó el mestizaje cruceño de esta manera:
“Teniendo en cuenta a los que le rodean, uno se puede imaginar que los cruceños actuales son una mezcla de españoles, paraguayos, chiquitanos y chiriguanos; la lengua española, la cual es aquí la única que se habla, contiene muchas palabras locales de esas naciones [Bach alude a los chiquitanos, guaraníes, chiriguanos...]. Traje, comida y costumbres eran las mismas del Paraguay y Chiquitos [...]. El carácter de los mismos [es decir, de los cambas cruceños de la primera mitad del s. XIX] se compone, por así decirlo, de cuatro caracteres nacionales, a saber, el español, el del Paraguay, el de Chiquitos y el de los Chiriguanos. Son pacíficos, pero también cobardes, medrosos pero también crueles, hospitalarios pero también codiciosos, impetuosos pero también alegres y casi sin vergüenza, no son bebedores pero en cambio son terribles jugadores. No son amigos del estudio, pero son hábiles agricultores y criadores de ganado; tienen un gran talento, un rápido entendimiento y una viva imaginación: provista de una buena formación serían personas capaces. Respecto a sus atributos físicos son sin duda los mejores y más bellos humanos en todo el Perú y Bolivia, muy blancos, de bella fisonomía y bien desarrollados como los paraguayos; naturalmente se encuentra mucha sangre indígena entre ellos, la cual hace casi la cantidad predominante. Tienen un odio contra todo lo forastero y extranjero, y denominan todo lo que no es de Santa Cruz con el mote despectivo de colla. Constituye algo singular encontrar en el interior de Sudamérica, cortada de otras ciudades, una tribu de hombres de vieja sangre española, que habla sólo español”. (carta de 1842).
Tanto Antelo como Moreno ([1885]1960) reconocen que el mestizaje del cruceño, supuestamente mantenido casi puro hasta fines del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, comenzó con la expulsión de los jesuitas de las misiones de Mojos y Chiquitos.
“Una de las cosas que más lamentaba Antelo era ver que su amada Santa Cruz, la propia ciudad cabecera del departamento, desdiciendo de sus antecedentes, estuviese hoy mestizando sus habitantes de pura raza española [?], dándose sin género de selección a encastar con los indígenas, o con los que tienen algo de indio en las venas [o sea, con los mestizos cambas cruceños]. ¡Cómo si no fuera ya mucho el emparentarse con aquellos que, sin ser precisamente indios, tienen en su modo de ser todas las de indios por haber tomado la calidad de éste, como decía el intendente al rey! Sus noticias sobre el particular eran concretas, seguras, recientes. Seguía con ojo inquieto la evolución que allí se estaba verificando en la estructura social. Su punto más remoto de comparación era 1859, año de la salida de Antelo”[7].
Para corregir un poco la postura de Antelo que da a conocer Moreno, es oportuno mostrar la explicación del mestizaje cruceño-camba que da Sanabria en la nota 20 de la obra de Moreno que seguimos. Así:
“El mestizaje de la ‘plebe urbana’ [cruceña], para usar el dicho de don Gabriel René, no se ha debido exclusivamente al aporte biológico de extracción guaraní, sino también al de procedencia chiquitana. Bien sabido es que durante la época virreinal y aún en los primeros años de la república, el gentío guaranítico, salvo contadas excepciones, vivía apartada de la población urbana de Santa Cruz y a las veces en rigurosa colisión con ésta. El ingreso de gente de esta estirpe dentro de la masa pobladora de Santa Cruz sólo empezó a operarse cuando la extinción de las reducciones o misiones existentes en la campiña próxima determinó la disposición de sus elementos componentes, ya medianamente civilizados y aptos para la vida urbana y la coexistencia con los blancos.
“[En] Cuanto al chiquitano, si bien las misiones jesuíticas cuidaron de sostenerlos en los lugares nativos durante todo el tiempo que las misiones estuvieron a su cargo, al pasar éstas a manos de laicos y seglares no sólo se permitió, sí que también se dio pábulo a la saca de indígenas misioneros para ser llevados a Santa Cruz y su campiña, bien como gentes de servicio doméstico, bien como peones de labor agrícola.
“La mestización con uno y otro elemento indígenas no habría de tardar en operarse, [si] bien no con la intensidad que la expresión de Moreno sugiere”. (Sanabria en Moreno [1885] 1960: 80-81).
Por su cuenta, René Moreno a fines del S. XIX, del cruceño mestizo que se formó ya desde la colonia, a partir de la fundación de la ciudad de la Barranca a orillas del Río Grande o Guapay, y que se fue dispersando por los llanos de la Chiquitania, del Chaco y, con el tiempo, por los llanos de la Amazonia, afirma:
“Sea porque conviniera al fin natural de tener por allí segura de bárbaros a la puerta de subida al Perú [...], el hecho es que en esa comarca fértil y amena se desparramaba en chacos y estancias mucha gente blanca que no dependía del gobernador de Santa Cruz.
“Esta gente provenía de la mezcla progresiva del español con la india guaraní. Sabido es que esta progenie blanquean por completo a la segunda o tercera generación, y que, si entonces sobreviene de nuevo el concurso caucáseo, el atavismo guaraní se retira para siempre de la piel, y persiste tardíamente situado tan sólo en las facciones o en otras partes físicas o morales del mestizo. Un historiador que vivió en el Paraguay estudiando la naturaleza más de veinte años entre hombres amarillos y hombres blancos, se muestra admirado de dicha mezcla por la excelencia de la variedad resultante. [....].
“Los conquistadores, dice Azara, llevaron pocas o ninguna mujer al Paraguay, y uniéndose con indias resultaron un multitud de mestizos, a quienes la corte declaró entonces españoles. Hasta estos últimos años puede con verdad decirse que no han ido mujeres de fuera, ni aun casi hombres europeos al Paraguay, y los citados mestizos se fueron necesariamente uniendo unos con otros, de modo que casi todos los españoles, allí, son descendientes directos de aquellos mestizos. [...] “Observándolos yo (continúa diciendo Azara) encuentro en lo general, que son astutos, sagaces, activos, de luces claras, de mayor estatura, de formas más elegantes, y aun más blancos, no sólo que los criollos o hijos de español y española en América, sino también que los españoles de Europa, sin que se les note indicio alguno de que desciendan de india tanto como de español”. [El subrayado es del autor de este trabajo]. (1973: 191-192).[8]
Más adelante, René-Moreno sigue diciendo:
“[...] este tipo primitivo de casta indoblanca no ha desaparecido por completo en la estructura de la sociabilidad cruceña más genuina. A este especie originaria de mestizos blanqueados perteneció hasta no há mucho la plebe de dicha ciudad, donde el conde de Castelneau, en 1845, oía que damas de pura raza llamaba con desdén “cholas” á sirvientes tanto o más blancas que las damas mismas.
“Esta plebe sin duda ninguna era entonces un reciente y buen resultado de la referida mezcla del blanco criollo con el amarillo chiquitano o guaraní, mezcla muy pronto refinada hasta la total expulsión del amarillo en la progenie, es decir, hasta el más completo y firme blanqueamiento caucáseo”. [El subrayado es del autor de este trabajo] (1973:193).
Cientos de esos “camba-cruceños” (criollos, mestizos y también indígenas) emigraron al Beni y a lo que ahora es Pando, y también se mestizaron, en unos casos con población nativa y en otros con gentes venida del exterior, particularmente europeos, durante el periodo de la explotación de la goma elástica (1870-1930).
Este proceso de mestización bio-cultural en el Beni es caracterizado por Coimbra de esta forma:
“Los vecinos de Baures eran bravos y cruceños. Después de haberse enriquecidos trabajando en los siringales del Madera, nutridos de experiencia, ávidos de sosiego, habían tornado con la serena cosecha y, elegido este rincón, plantaron sus reales para gozar de la vida. De éstos eran don Balvino Franco, don Pastor Oyola, don Rafael Ruiz, don Manuel José Justiniano (…), don Benigno Vaca Moreno, don Manuel Ruiz, don Fernando y Arístides Antelo, don Urbano Melgar, don José Manuel Martínez y otros muchos que sería largo enumerar.
“Entre los nativos que ostentaban el blasón de su alcurnia y sus riquezas, estaban los señores Rómulo, Pedro y Nemesio Ojopi, hijos del gran cacique don Hipólito y de doña María Manuela Vaca, cruceña, “americana-española”, como dice un documento público que a ella se refiere. Eran especímenes espléndidos de la raza mestiza, los tres primeros; raza que dio más tarde a muchos notables pioneros de la goma, grandes benefactores de su pueblo, artistas e intelectuales”. (1993: 51-52).
La presencia de cruceños en Reyes (hoy la capital de la provincia Ballivián del Beni), a fines del siglo XIX, el viajero y naturalista italiano Balzan la destaca: “La población acomodada de Reyes está formada casi totalmente de cruceños, es decir, de individuos de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, situada al N-E de Bolivia […]”. ([1892] 2008: 172).
Muchos de estos cruceños asentados en Reyes y sus alrededores, si no ellos, sus descendientes, se mestizaron también con algunas mujeres nativas de la etnia de los maropas (reyesanos), tal como lo muestra Vázquez Pinto en su obra (2009). Consultando los Archivos de la Parroquia de Reyes, muestra el casamiento de algunos cruceños o sus hijos con mujeres mestizas, como este caso: El cruceño Manuel Tristán Cuellar, que se casó con cándida Rivero, tuvo dos hijos: Miguel y Manuel. El año 1895 se encontraba en Reyes, de aquí se fue cerca de Santa Rosa del Yacuma para dedicarse a la ganadería, construyendo dos estancias: “El Naranjal” y “Mercedes”. Su hijo, Manuel Cuellar Rivero contrajo bodas con Dalia Mosqueira Gualasúa, mujer, como se ve, mestiza, hija de un criollo beniano y de una nativa camba. De este matrimonio nacieron tres hijas: Claudina, Robertina y Sara Cuellar Mosqueira[9]. (Vásquez 2009).
Por lo demás, la presencia del camba cruceño en el Beni mestizándose con la población nativa o mestiza y dejando la impronta de su cultura en dicho departamento, es mencionada en otras fuentes. Por ejemplo, en su Diario de Viaje, Antonio Vaca Díez en 1876, al referirse a los bailes de Santa Ana del Yacuma, dice que “son con poca diferencia, lo mismo que los cruceños: música igual, los mismos agasajos y obsequios a la concurrencia, las mismas costumbres”. ([1876] 2005: 167).
El escritor Ciro Bayo que estuvo a fines del siglo XIX en Trinidad-Beni observó la presencia de la cultura cruceña camba de esta manera: “En Trinidad la sociedad caravana es fina y culta en su mayor parte, casi al nivel de su homóloga la cruceña; y esto se explica porque quien dice Trinidad dice Santa Cruz… Aquí como en todo Mojos domina el elemento cruceño, mayormente en estos tiempos de fiebre de la goma, en que Santa Cruz de la Sierra se despuebla de ricos y pobres […]”. (1912: 348).
Ese mestizaje bio-cultural del camba cruceño con el camba beniano (mestizo e indígena), explica porqué el beniano, sea más criollo, mestizo o nativo, también es denominado camba y se puede asumir así. Como se ha visto hasta aquí hay muchas razones para ello.
El uso del término camba, como ya se vio en base a Coimbra y otras fuentes, ya está presente en el Beni en el siglo XIX.
4) En el siglo XX también aparece el vocablo camba en algunos escritos y documentos.
En 1905, el cruceño Mariano Terrazas en su artículo “Por la agricultura, tocando llagas” (La Aveja, No. 121, 7.VII. 1905), usa indistintamente la palabra “camba o indio” para criticar la situación y el trato deplorable que en aquellos años se le daba al camba, a pesar de habar una Ley, una Código Civil…que a todos declaraba hombres “libres e iguales”, pero que en “la práctica [eso] no sucedía así”, decía.
Ahí se puede apreciar que el término “camba” significa indígena, pero también peón u hombre trabajador de una hacienda, de la empresa, del campo, etc.
En Derechos Reales de Trinidad, existe un documento de compra-venta de una estancia llamada “Camba muerto”, del 5 de junio de 1913, ubicada en el cantón de Santa Ana del Yacuma, con una extensión de 6.198 hectáreas. Dicho lugar fue vendido al chileno Ambrosio García por su propietario Nicolás Suárez, (Cfr Vásquez Pinto 2009).
A partir de los años 30, según aclara Vásquez Machicado, en su ponencia oficial de Bolivia presentada en el XXXIV Congreso de Americanistas llevado a efecto en Hamburgo el 1930, el mismo Estado boliviano comienza a hacer una suerte de inventario de los pueblos indígenas de este país, distinguiendo dos variaciones: los incásicos y los salvajes. A las tribus de los llanos, consideradas “salvajes” por las mismas autoridades gubernamentales de la época, se decide llamarles también “guaraníes”, por ser esta raza el tronco originario de las tribus pobladoras del Oriente. Para referirse a estas tribus (es decir, a los pueblos o etnias del Oriente boliviano), aclara en su conferencia: “También usaremos el modismo ‘camba’ por ser muy usado en la República.” (Vásquez M., 1940).
En esa ponencia, Vásquez Machicado, que se había sumado al nacionalismo altoperuano que buscaba darle un sustento indígena a la idea de la nación boliviana, acepta usar la terminología “guaraníes” o “camba”, pero despojándola de cualquier significado socioantropológico, pues él también creía por aquellos años que la base de la nacionalidad boliviana debía ser la aimara, y no la de las tribus guaraníes o la camba.
Ahora bien, no deja de ser importante que se resalte que el calificativo o término “camba” era muy usado a inicios de los años 30 del siglo XX para aludir al hombre de los llanos o del Oriente boliviano, y diferenciarlo de cualquier otro habitante de este Estado.
Por aquellos años, durante la guerra del Chaco, al beniano de Santa Ana del Yacuma, Rómulo Mendoza Arteaga, que por su valentía, coraje y desempeño en el conflicto bélico con el Paraguay había sido ascendido a un grado militar, se le llamaba el “teniente camba”. Porfirio Díaz Machicado, al ser incorporado a sus órdenes, recuerda en su autobiografía parte de este diálogo que mantuvo con él:
“-¿Usted es el soldado Díaz Machicado? –Me preguntó el camba.
“- A sus órdenes mi teniente.
“-Ahora nos vamos. Ud. ha de ser mi soldado. Lo único que le pido es valentía, buen comportamiento”. (cit. en Carvalho Urey 2007: 169).
A los pocos años de terminada la guerra del Chaco con el Paraguay, Germán Busch se hizo con la presidencia de Bolivia, y en la ciudad de la Paz no dejaban de llamarlo el “camba Busch” o simplemente “el camba”, según Suárez Vargas (2004).
Estas dos últimas referencias muestran ya con mayor claridad que la palabra camba se la usa también para denominar a mestizos y criollos y no sólo a nativos del oriente boliviano.
En esta línea, en 1938 se aplica dicho término de manera universal para identificar tanto al indígena como el mestizo del oriente boliviano. El beniano Bascopé G, al escribir sobre el camba, afirmaba en ese año:
“[...] En el Sudeste, en el Oriente y en Noroeste [...] se formó, en una briosa palpitación de causas mesológicas, un elemento humano de incomparable valor social: EL CAMBA [...] El Camba es un producto de su espacio; domina su bravía instintividad una intuición devastadora, y fue siempre libre como el viento de la planicie [...]. Acostumbrado a vencer, rompió las trabas del mestizaje. Sin luz ni freno, su desbordante naturaleza abonó durante centurias el campo de su especie. De este modo, dentro de su constelación étnica, el Camba tiene un solo valor político y una sola altura social desde el Sur Guaranítico hasta el Norte Tacana y Mosetén [...] En su primer periodo fue avasallador y triunfador. Las alboradas contra las tesoneras empresas extremeñas y vizcaínas retardaron la velocidad de la campaña conquistadora Europea. Más tarde se transformó. Cincuenta años antes de la Intendencia de Viedma era el Camba el auxiliar más enérgico de la civilización. Necesitó doscientos años para florecer prodigiosamente como una fuerza nueva, con otro carácter y con otro destino [...]”. (en Revista Moxos, 18-XI-1938).
En los años 50 del siglo XX, Sanabria usa la palabra camba para aplicarla al ámbito religioso católico y folklórico, hablando de “Virgencita camba” y de “carnavalito camba” (cfr. Fernández 1995: 236-237; 268-269).
Si embargo, este autor a inicios de los años 60 del siglo pasado, sostiene que “en la actualidad el término camba tiene ya muy poco uso entre los indígenas. En cambio entre los criollos, ha llegado a cobrar una acepción de índole peyorativa, que involucra, o quiere involucrar, toda la masa de la población cruceña, con cierta tendencia de la exaltación del quid regional”. (Sanabria en Moreno [1885] 1960: 98, nota No. 27).
Esta nota de Sanabria señala dos aspectos importantes: a) que a inicios de los 60 del siglo XX, la elite criolla cruceña aún no había asumido su condición socio-cultural de “camba”, y b) que, prácticamente, a todo el pueblo cruceño, la masa de la población, se le llamaba camba. O sea, este término es usado de manera universal para referirse a “todo” aquel que socio-económicamente no tenía poder. Por ende, es válido también llamar desde aquellos años al pueblo cruceño “pueblo camba”.
No por nada, por aquellos años, el antropólogo norteamericano Heaht llamó al pueblo cruceño “Pueblo Camba”, pueblo, que según él, ha “[sabido] domar a la selva virgen y lograr que florezcan jardines en el yermo”. Este pueblo, como entidad social y cultural, es “nuevo en el mundo”, pero desde el siglo XVI ha estado en permanente formación por medio de un proceso constante combinado. “Los Cambas forman una nueva constelación en el universo de la cultura humana. Todo parece indicar que esta constelación parece hallarse en ascenso”. (2000: 78).
En las décadas del 70 y 80, el término camba, de origen guaraní-chiriguano, seguirá manteniendo también su significado de “amigo”. Y también será entendido como la “[designación] común para el indígena del oriente boliviano y [por] extensión y con cierto énfasis de gregarismo regional, cualquier habitante de la misma comarca”. (Sanabria 2008: 68).
En este sentido, Maclean Stearman (1987: 39) ya en los años 70 afirma que los
“habitantes de la región de Santa Cruz se conocen como cambas, término que se cree originado en la palabra guaraní que significa ‘amigo’. Al principio se lo aplicó a la clase campesina y era sinónimo de peón que estaba ligado por deudas a un gran establecimiento agrícola o finca. Al pasar el tiempo, camba llegó a ser un término que incluía toda la sociedad de las tierras bajas, tanto campesinos como aristócratas. Además vino a ser un medio por el cual los habitantes de las tierras bajas podían demostrar su distancia tanto cultural como geográfica frente a los habitantes de las tierras altas, a quienes se referían como collas (de la quechua Qollasuyo, el sector meridional del imperio Inca).
“En su mayor parte el camba es mestizo y aun las familias que presumen de una ‘pura herencia castellana’ se verían en apuros para probar ese aserto […]”.
A inicios del siglo XXI, la palabra camba, sin perder su significado etimológico y socio-cultural, será revalorado por el Movimiento Autonomista Nación Camba para cualificar y denominar al pueblo camba-cruceño como Nación: la “Nación Camba”[10]; nación que por extensión incluye y abarca a todo el oriente boliviano, principalmente a los territorios y su gente (indígena, mestiza y criolla) de Pando, Santa Cruz[11] y Beni[12].
A manera de conclusión y reflexión final
El término camba, de origen chiriguano-guaraní, ha sido usado, según las fuentes analizadas, para nombrar e identificar a personas y a un grupo de individuos pertenecientes, en un primer momento, a comunidades o etnias nativas de la ex gobernación de Santa Cruz y, después, para caracterizar, de manera más universal, a la población indígena, mestiza y criolla asentada, en lo que vino a llamarse en la vida republicana de Bolivia, el oriente boliviano.
La identificación del camba y de “lo camba” evolucionó hasta nuestros días. Si en los siglos XVI, XVII, XVIII y las primeras décadas del XIX, se le decía camba al nativo de Santa Cruz y de Mojos o Beni, a partir de la segunda mitad del XIX, comienza, con mayor frecuencia, a nombrase también como camba al mestizo. Este uso y significado de la palabra se mantendrá por lo menos hasta las primeras décadas del siglo XX. Será a partir de la guerra del Chaco (1932-1935) que se comenzará a llamar camba también a los criollos del oriente boliviano.
El proceso de universalizar el uso del vocablo camba para identificar y caracterizar al hombre y la mujer del oriente boliviano, ha sido lento, dialéctico y hasta traumático; pero también se ha dado con cierto grado de naturalidad histórica, social y cultural. Pues, detrás de dicho término y su acepción, existe una historia, un pueblo protagonista con sus individuos de carne y hueso, una identidad antropogeográfica y cultural que hoy se llama camba. De este proceso han sido sujetos los indígenas guaraníes, chiriguanos, mojeños, itonamas, movimas, pakahuaras, araonas, maropas (reyesanos), etc., los mestizos y criollos, con todas sus virtudes y defectos.
De ese proceso, muchas veces conflictivo, no ha estado ausente el colla, portador de una cultura distinta a la del camba. Pero esta es otra historia que alguien alguna vez la tiene que estudiar para hallar algunos puntos de encuentros y de entendimiento, en el marco de un diálogo racional, con la ética de la tolerancia y del respeto mutuo, y sin imposiciones de ningún lado.
Volviendo a lo camba. Se puede sostener que recién a partir de la segunda mitad del siglo XX, sobre todo el pueblo cruceño se asume como camba, excepto, quizás, algún sector social perteneciente a la elite cruceña con poder económico y político y dependiente del poder central del Estado boliviano. Pero esta actitud es más producto de no reconocer o de ignorar el profundo mestizaje del pueblo cruceño y en general de todos los cambas del oriente boliviano; mestizaje que se dio, como se sabe, desde los primeros años de la fundación de Santa Cruz de la Sierra (1561) en la ex gobernación de Mojos (creada en 1560), antes que efecto de una falta de identidad cultural propia.
Hoy, es esa identidad cultura camba, conformada en un espacio geográfico o territorio (el oriente boliviano), con una historia regional, con individuos y grupos humanos protagonistas, con sus tradiciones, valores, forma de ser y aspiraciones políticas, la que se ha convertido en el pivote de la nacionalidad camba; nacionalidad que aspira a ser reconocida como otras naciones dentro del Estado plurinacional boliviano y en el contexto internacional. Negarle ese derecho a los cambas como pueblo o nación, será prolongar, absurdamente, el conflicto histórico con las naciones del Kollasuyo boliviano (zona andina).
Reconocer ese derecho al camba, a ser distinto, en un mundo que valora cada vez más lo diverso, lo pluricultural y plurinacional, es signo de racionalidad y ética. No hacerlo, es mantener aquel conflicto con todas las consecuencias negativas que puede tener. Parte de esa solución es, hoy, conquistar la autonomía plena departamental. Y más adelante, conformar una Estado trinacional confederado (chapacos, collas y cambas), con la participación de la Nación camba.
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[1] Eso, por ejemplo, hace Bergholt (1999: 17) cuando dice: “[…] El escritor cruceño social-darwinista, Gabriel René Moreno, estableció en el siglo pasado que el cruceño tenía tres enemigos: el camba, el colla y el portugués […]”.
[2] Hay que subrayar que ese rechazo al cholo (mestizo) altoperuano y al mestizo portugués (mameluco) había sido fomentado también por algunos miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica de ese entonces. Así, el “Obispo Herboso no se cansaba en sus cartas a Pestaña (19, I y II) de quejarse de que los cholos de Clisa eran haraganes, parlanchines, rateros, inútiles para todo lo que significaba paciencia y esfuerzo y lealtad en la obra del camino á Yuracarés”. (Moreno 1973: 440, nota VII sobre Chiquitos).
Para el caso de los mamelucos, el P. Hernández en su Relación Historial de Chiquitos, Cap. III, p. 50 afirma que los lusitanos al mestizo (mameluco) le llamaban vil, sin Dios ni ley. Fernández, a consecuencia de que los mamelucos, con disimulo y engaño habían contribuido a destruir las reducciones en Brasil en la época de la colonia, les llamaba “los malditos Mamelucos”, por no tener reparos en hacerse pasar por jesuitas ante los pueblos indígenas con la finalidad de cazarlos y volverlos esclavos. “[...] Esta infernal astucia nos ha hecho sospechosos totalmente á estas naciones y muchas veces corremos riesgo de la vida y se nos malogran las empresas, como nos ha sucedido en los viajes del Río Paraguay en que ningún infiel se quiere fiar de nosotros”. (citado en Moreno 1973: 442-443, nota VII sobre Chiquitos).
Sobre la animaversión hacia los guaraníes o chiriguanos, se hace notar que el conflicto cruceño versus guaraní-chiriguanos ya venía también desde los años de la fundación de los primeras ciudades en los llanos de Grigotá . En su relación de los servicios de su padre, Nuflo de Chávez, su hijo, Alvaro de Chávez realizada en La Plata (1588-89), se informa que la entrada de los cruceños a la Cordillera no siempre fue amistosa, antes bien, se tenían escaramuzas y guerras contra los chiriguanos, como dice en una parte: “[...] y hauiendo llegado a la dicha cordillera, me halle en vn rrencuentro y guacçaraba con los indios chiriguanaes con mucho rriesgo de mi vida; y serui en las demás ocasiones que en la pacificación e castigo de la dicha cordillera se ofreçieron sin faltar jamas en ningua hasta quel dicho [f. 9v] gobernador se salio della a los llanos de Grigota [así] donde estaba alozado parte del exerçito [..]”. (Relación de los servicios de Nuflo de Chávez y Alvaro de Chávez, La Plata 1588-89).
[3] En la nota 27 de esta obra de Moreno, Sanabria especifica que el capitular del “coro diocesano a quien se motejaba de ‘camba’ era el doctor in utroque juri don Francisco Javier Rojas. Éste era oriundo del pueblo de Bibosi, antigua misión de chiriguanos, en donde su padre don Manuel Rojas, había establecido trabajos agrícolas y ganadero que le proporcionaban regular fortuna […]”. (cit. en Moreno [1885] 1960: 96).
[4] Frase comunicada por el sr. Ángel Segovia en conversaciones mantenidas por el autor de este trabajo en dos oportunidades, una el 2007 y la otra el 2008, como resultado de mi interés por indagar más sobre el uso y significado de la palabra camba.
[5] En esta línea, Cortés (cit. en Peña y otros 2003: 117-118) sostiene también que “camba” es la deformación de la palabra guaraní cuimbae y significa “aquel que se enfrenta al tigre, puede resistir el hambre y a la vez salir vencedor en las guerras”. Ya en la época colonial, en Charcas se usó el término para llamar “cambas” a todos los que provenían del oriente boliviano. “En cambio, en Santa Cruz de la Sierra el nombre camba se le dio a la persona de clase inferior, sobre todo al de color y en menor medida el pobre, siendo blanco”.
[6] Es importante subrayar que el posesivo “mi” en el saludo chiriguano-guaraní se da también cuando se saludan entre ellos dentro de su comunidad. Por tanto, no es que se lo diga cuando existe una situación de jerarquía social o de inferior-superior. A su vez, no es que apareciera sólo cuando se saludaba al criollo cruceño. El “che camba”, por ejemplo, significa “mi amigo” o “mi señor” o “mi señora”. Y era expresado en su lengua entre ellos, pero también cuando se referían al cruceño criollo o mestizo.
[7] Eran dos las corrientes invasoras del manantial cruceño: “Uno que viene de la sierra y otro que fluye del Cercado y de las provincias indígenas del departamento [cruceño]; por un lado, el mestizo altoperuano y por el otro el indio guaraní; uno y otro prosperando relativamente el comercio de Santa Cruz, pero también contaminando de consumo, con los glóbulos amarillos de su sangre, la linfa azul de la sangre cruceña [...]”. (Moreno [1885] 1960: 29-30).
[8] Fue este mismo tipo de mestizaje el que se dio o asentó también en la Chiquitania y con el tiempo en el Chaco. ¿Qué paraguayo o cruceño no podría estar orgulloso de esta mezcla? Cfr. la referencia al texto original en Azara (1943, Cap. XII, p. 165; Cap. XIV, p. 192).
[9] A esta última señora, el autor de este trabajo cuando era niño y vivía en Santa Rosa de Yacuma, la conoció y le llamaba tía, pues según mi madre María Mosqueira Flores ella era nuestro familiar.
[10] Cfr. los documentos oficiales de dicho movimiento cultural y político en su página web, www.nacioncamba.net
[11] Peña y otros al hacer un estudio sobre la identidad en Santa Cruz de la Sierra por medio de encuestas demuestran que de 935 personas encuestadas, 72% se “sienten cambas” mientras que un 28%, no. Entonces, aparentemente todos los cambas se sientes cruceños, pero no todos los cruceños se sienten cambas. (2003: 119).
[12] Es en esta línea que el autor de este trabajo ha publicado dos ensayos para explicar esa unidad etnogeográfica e histórico-cultural de los cambas benianos, pandinos y cruceños. Una de esas obras se titula La Nación Camba. Fundamentos y Desafíos (2003) y la otra, Pueblo Nación y Nacionalismo camba (2008).
camba significa negro en guarani, pero aplicado a la gente, no al color (hu).
ARRIBA LA NACION CAMBA!!!!
(ESTE COMENTARIO ESTA LLENO DE ODIO Y ENVIDIA)
su teoria es criterio segun lo que quieren pensar cierto que camba es decir indio de la selva y colla indigena del altiplano la diferencia es que las raices del colla vienen del imperio incaico que abarco cuarta parte de sud america por ser un pueblo guerrero con conocimientos arquitectura medicina y muchas cosas, pero el camba (indio de la selva ) era nomada vivia de la caza y pesca y no tenia raices determinadas ni imperio conocido entre chiriguanos mozetenes ayoreos etc. muestra de del poderio colla (inca) esta samaipata esta en santa cruz y eran sublebados con facilidad por eso la mayoria acentada en santa cruz son de raza personas extrangeras o collas por que desde la reforma agraria los unicos que tenian la fuerza para trabajar duro y parejo eran los collas traidos del occidente al oriente mientras los cambas acostumbrados a la vagancia y ocio se internaban en la selva por eso santa cruz es lo que es ahora gracias a las personas que tanto rechazan que el 80 % del oriente tiene raices collas y ustedes ignorantes muerden la mano que les dio de comer .
Yo apoyo a la Nacion Camba.
yo apoyo y apoyemos y respetemos la nacion camba
ES HORA DE SEPARARNOS…